enriqueta

Nos gustan las “buenas” historias, las entretenidas; las que están llenas de sorpresas y aventuras. Nos gustan esos libros que Gael pide que le leamos, le releamos, le rereleamos hasta que terminamos aprendiéndonos de memoria cada diálogo, cada gesto de sus personajes, tal como nos pasó (nos pasa) con Escrito y dibujado por Enriqueta, de Liniers, por supuesto.

A Enriqueta y su amigo Fellini ya los conocíamos, no solo de los diarios o de internet, de hecho ellos se comenzaron a alojar en nuestra casa justo desde el día anterior a que naciera Gael —como si también fueran parte de esa comitiva familiar que vino para presenciar el evento más importante de nuestras vidas—. Los conocimos en una especie de taller, con firma de libros incluida, que organizó una editorial de diseño, y nosotros fuimos con la excusa de acompañar a una de las tías de Gael que quería participar dibujando. Así fue que llegamos a Mamarracho, en otra oportunidad hablemos de este libro.

Volvamos a Escrito y dibujado por Enriqueta. Allí, no sólo somos testigos del día a día de esta adorable niña y sus amigos, también nos adentramos —aún más— en su imaginación y hasta en su placard (armario, para quienes viven afuera de Argentina).  Vemos a su protagonista dibujar una historia en donde una niña llamada Emilia, sin que se lo proponga, termina envuelta en una importante misión: encontrar un sombrero. Es una gran historia con suspenso, intriga y sorpresas. Así es el universo que Enriqueta, a través de sus dibujos —o los de un niño de 42 años llamado Liniers, que se inspira en los dibujos de sus hijas— nos muestra y nos hace sentir como si fueran nuestros hijos los que ilustraran esta historia, o incluso los de algunos papás que no somos tan hábiles dibujando. Es una historia que nos permite emocionamos hasta el punto de hacernos decir “¡Wow!”, o “¡Miau!”.  Por su puesto, como es de esperar de una niña como Enriqueta, también nos deja una gran reflexión: LA VIDA ES UN LABERINTO.

Nos gustó mucho este libro, además es ideal para los papás a los que les gusta hacer voces raras mientras leen, y también para los pequeños a los que les gusta imitar las indicaciones de los ratones —sí, de los ratones—. Ah, y si les gustan los sombreros, o tienen curiosidad por saber cuántas clases existen, hay una sección dedicada al arte de la sombrerología; ¡Gael ya reconoce más de 10!

 

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